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miércoles, 28 de abril de 2021

SOR AMPARO Y LA TERNURA

 

             Sor Amparo era la única que tenía algo de humanidad en la Casa del Niño de Las Palmas, la monja de unos 55 años que protegía a los niños de las palizas y las borracheras de los curas y falangistas, que venían de noche a escoger a los chiquillos que iban a violar, estaba mal vista por el clero canario y le habían puesto la etiqueta de “comunista”, simplemente por no permitir los abusos sexuales, las palizas y la venta de los chiquillos huérfanos de personas asesinadas en la isla por los fascistas.

            Aquel infierno de adoctrinamiento en las ideas del Movimiento Nacional solo tenía aquellos oasis de esperanza y ternura, los niños la veían y se le abrazaban, buscaban su protección ante el maltrato, la tortura física y psicológica, las brutales palizas con varas de acebuche o la pinga de buey de Don José Martel, el sádico cura del barrio de San José, muy amigo de gran parte de la oligarquía insular, responsable del genocidio canario, planificado meses antes del golpe por Falange y la Iglesia, llevando a cabo miles de crímenes y desapariciones de republicanos y anarquistas de cada rincón del Archipiélago. (klik egin-ver más)

Relato publicado en el libro "Semilla de memoria" (2017), de Francisco González Tejera, prólogo de Rogelio Botanz.

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