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viernes, 11 de febrero de 2022

ALEA IACTA EST, PABLO CASADO

     La sala de máquinas de la calle Génova echa humo. A horas de que se abran las urnas en Castilla y León, se ha instalado una sensación por la que nada parece asegurado. Al menos, no tan seguro como cuando el presidente autonómico, Alfonso Fernández Mañueco, convocó los comicios el pasado mes de diciembre para este 13 de febrero. En aquel momento, había un objetivo para los populares y parecía fácil de conseguir. Este era ganar las elecciones y sacar tan buen resultado que le permitiera gobernar en solitario.

   Con esto, Pablo Casado pretendía matar varios pájaros de un tiro. Primero, que Mañueco reprodujera una gesta similar a la de Isabel Díaz Ayuso el 4 de mayo en Madrid, de tal forma que quien brillara en el PP ya no fuera la presidenta madrileña sino también el salmantino. Es decir, que los méritos fueran de todo el PP, de ninguna baronesa en concreto. En otras palabras, adjudicar la victoria al propio Casado. Para ello, el PP anhela lograr los 36-37 escaños, o lo que es lo mismo, sumar más que el resto de la izquierda.   (klik egin-ver más)

Sato Díaz, en Público

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