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miércoles, 10 de marzo de 2021

LA ORFANDAD POLÍTICA DE LA BURGUESÍA CATALANA

 

              El proceso soberanista no ha logrado su gran objetivo de conseguir la independencia de Catalunya, en cambio ha provocado una profunda fractura social en la sociedad catalana y la progresiva degradación de las instituciones de autogobierno.

              La presidencia de la Generalitat ha sido sometida a un enorme desgaste derivado del hecho de que los dos últimos presidentes, Carles Puigdemont y Quim Torra, no concurrieron ante el electorado como candidatos a esta máxima legislatura. El primero iba en el número tres de la lista de Junts pel Sí por la circunscripción de Girona en las autonómicas de 2015; el segundo, el puesto onceavo de la candidatura de Junts per Catalunya por Barcelona. Ambos, para sorpresa de propios y extraños, empezando por ellos mismos, fueron elevados a la presidencia de la Generalitat tras pactos entre las formaciones independentistas y gracias al aval de la CUP. Desde entonces, esta formación ha devenido en el actor político clave para la investidura de los presidentes de la Generalitat, arrojando a Artur Mas a la papelera de la historia o vetando la candidatura de Jordi Turull.

               El Parlament de Catalunya se ha convertido en una caja de resonancia de las reivindicaciones secesionistas, declinando en demasiadas ocasiones de su función de representación del conjunto de la ciudadanía y operando como un instrumento al servicio de la causa independentista, como se puso de manifiesto en las infaustas jornadas del 6 y 7 de septiembre de 2017, cuando se aprobaron las llamadas leyes de desconexión.   (klik egin-ver más)

Antonio Santamaría, en El Viejo Topo

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