
Con todo, los resultados de esta modificación estructural estarán lejos de alcanzar siquiera los límites del mapa que dibujó Louis Lucien Bonaparte en 1863. El valle de Urraul, que vio morir a los últimos euskaldunes después de la guerra civil, continuará en la "zona no vascófona", como si el euskera le fuese algo ajeno. En Navascués, Lumbier, Ibargoiti, Unciti, Valdizarbe....... en el valle de Lana o en la propia Valdorba, donde no se dejó de hablar hasta el siglo XIX, el euskera sigue siendo un elemento importante del patrimonio afectivo, por encima de todos los factores de regresión que acabaron con su uso. Sería de desear que más ayuntamientos de esas zonas se sumen en el período de tramitación a este movimiento de recuperación que no discrimina a nadie y no causa otros perjudicados que aquellos que históricamente han equiparado al euskera con lo estrictamente rural, el atraso, la humillación y la marginación.
Praxku
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