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martes, 15 de febrero de 2022

CARTA AL CARBÓN


      Dentro de poco el carbón va a ser verde, no negro, según van las cosas en la Comunidad Europea. Parece una broma pero no lo es. El gobierno francés, con el señor Macrón a la cabeza, quiere que los europeos subvencionemos sus centrales nucleares y para esto ha tenido la feliz idea o la desfachatez, mejor dicho, de conseguir que la Comisión Europea proponga a las centrales nucleares como energía verde y así se soluciona el problema, entre otros, del precio de la luz cara. Este político que presume de liberal moderno que ha estudiado a Hegel, un filósofo alemán del que tomaron ideas, desde Marx hasta Hitler; algo así como Sócrates del que fueron discípulos desde el idealista Platón al lógico Aristóteles, el escéptico Euclídes, el aventurero de la política Alcibíades y hasta un general y profesor como Jenofonte. Lo que no justifica que nos tome el pelo. No confunda a la ciudadanía. Señor Macrón, decir que las centrales nucleares son energía verde es como decir que el carbón es amarillo, como el oro. No. Es negro. 

  Daniel Ezpeleta. (Zarrakaztelu.eus)


sábado, 1 de enero de 2022

LAS LUCES DE NAVIDAD


      Alegría artificial. Vender y vender una alegría que no cuela ni pasa por el filtro de la austeridad y tristeza a la que esta sociedad obliga a millones de personas a vivir. Alegran las calles, sí; pero no las vidas de aquellos que duermen en un campo de refugiados, peor que en la cárcel, por el delito de huir de su casa, de su pueblo, porque les persigue la miseria o la canalla mental de la ley del dinero y sus representantes. Alegría artificial para que la gente pasee por las calles y compre más. Algo que muchos no pueden hacer, por estar en el paro, no tienen trabajo, ni futuro, ni alegría de vivir. Algo tan sencillo no funciona en esta sociedad, por muchas luces que pongamos. Y que conste que a mí me gustan hasta los villancicos, el turrón y el champán. Pero no me gusta la forma en la que se dilapida el bienestar, mientras obligamos a los más débiles a llorar mientras cantamos. Las cigüeñas, las golondrinas, los cisnes y varios cientos de aves tienen más suerte que los hombres. Se mueven sin necesidad de papeles, de permisos para poder sobrevivir. No les meten ni en campos vallados ni les culpan por querer vivir. Es preferible ser grulla que mujer, que anciano o africano. Ya es triste llegar a eso por el mero hecho de nacer en un sitio donde te amputan el clítoris o te venden a la familia que más le da a tu padre por ti. Quieren trabajar cuidando vuestros niños, enfermos y ancianos limpiándolos, dándoles una caricia y un beso. ¿Qué delito han cometido?   

Piensa en eso entre las luces de Navidad. Bihotz bihotzez. 

Daniel Ezpeleta. (Zarrakaztelu.eus)


martes, 2 de noviembre de 2021

CARTA A LAS HOJAS DORMIDAS


           En su dulce caer dan la sensación de estar en sueños y  dormidas. Inspiran ternura, ternura de vivir y ternura de  morir, abandonando el color ocre y amarillo cenizo de su  vestido estampado, que hace bello a los árboles y ella lo  sabe al quedar desnuda de cuerpo entero; lentamente  desnuda a su compañero de viaje: el árbol. Ya en el suelo  toma forma de beso y más tarde se descompone en alimento  que nutre al que ha abandonado, después de un largo dormir  hasta la primavera. Y así nos enseña el misterio de la  belleza, de ser hermosa y morir para alentar eternamente a  su amor. Misterios de la naturaleza, que nos enseña a vivir y  morir. Insisto. Cuando se cansan de guapear y de llenar el  paisaje de sinfonías de color amarillo y ocre sobre fondo  verde, planean en plena sonrisa hasta el suelo y más tarde  se descomponen de amor; y las raíces lo absorben y lo  guardan hasta la primavera; y vuelven a nacer en tallos  verdes y capullos de vida a estrenar. La naturaleza es un  libro abierto que nos enseña más de lo que parece; solo  hace falta fijarse un poco en ella..Misterio abierto 

 Daniel Ezpeleta. (en Zarrakaztelu.eus)

viernes, 1 de octubre de 2021

CARTA AL RECIBO DE LA LUZ


                 El recibo de la luz es un síntoma como la fiebre, el dolor de cabeza o de tripas. Algo no funciona. En la complejidad infinita del cuerpo humano puede ser síntoma de miles de enfermedades. Y no hace falta ser médico y estudiar diez años de medicina en las más prestigiosas universidades para saber esto. Lo mismo ocurre con el recibo de la luz o el precio del pan, la leche o la gasolina. No hace falta estudiar economía en la prestigiosa universidad de Harvard o Deusto para saber que unos pocos nos están robando a todos; que las multinacionales, que son las que tienen el poder real, son las que deciden cuánto han de engordar a costa de la mayoría ciudadana. Luego esgrimirán una batería de teorías y medias verdades para justificar el asalto a mano armada, con la ley en la mano, de los bolsillos de la pobre gente que lo único que hace es trabajar para vivir, unos mejor que otros. El mercado, la subasta, la escasez de crudo, los costes de transporte,las tormentas, la sequía, el viento; y no incluyen la tos de la abuela, porque se va anotar demasiado las mentiras que utilizan para decir que hay que pagar más, porque la avaricia es una virtud de los ricos. Y los gobiernos, incluidos los que se dicen socialistas, dicen que hay que vender las eléctricas a las multinacionales, aunque sean de otro país, porque con ese dinero hay que pagar la deuda pública. Que es el dinero que se ha gastado en hospitales y escuelas, entre otras cosas, como el ejército. la iglesia, sueldos y gastos de la monarquía y ministros etc., etc. Y suma y sigue. Los productos de primera necesidad deben estar en manos del Estado. Es lo que diferencia a un país de Estado de Bienestar de uno rabiosamente capitalista, es decir, que se ocupa de que los más ricos sigan viviendo mejor. Lo de siempre. Gobierne quien gobierne, el tiempo no pasa sino que da vueltas en redondo.

Daniel Ezpeleta, en zarrakaztelu.eus

domingo, 1 de agosto de 2021

CARTA AL HAYEDO

            Me gusta la gente que sabe ver, leer, sentir el espíritu de las cosas. Me gusta sentir el alma de las hayas. Me gusta sentir el corazón del desierto (las Bardenas frías y sin aviones de guerra que se entrenan para matar). Me gusta la gente que ama el hondo sonido de un cementerio o de un hospital; que son como granadas, que albergan cientos de almas y recuerdos. Todos son distintos. Y el de la mar, a pesar de que se traga a los vivos y a los muertos, sobre todo si son pobres y negros y pardos. Me gusta la gente que siente como los poetas, el poeta que todos llevamos dentro. Me gusta la danza del viento y lo que significa de etéreo cuando se lleva el alma de los seres vivos, animados e inanimados, como un artista los colores. No me gustan los matones disfrazados de políticos, ni las guerras ni los que las programan vestidos de trajes de marca en despachos con un botellín de agua. No me gustan los y las que matan a sus hijos, ni a los toros desde un caballo o en tierra para gozo de la canalla o como venganza. Otra cosa es torear sin sangre contemplando la extrema belleza del toro. No me gusta que quemen libros, ni sillas, aunque sean viejos, porque guardan muchos secretos. En fin, me gusta la frescura y elegancia de las hayas, que sacan las hojas cuando a sus pies ya ha nacido todo lo que debía nacer. Me gusta la gente que sueña despierta y que llora de alegría.

Daniel Ezpeleta, en zarrakaztelu.eus

miércoles, 2 de septiembre de 2020

CARTA AL DILEMA

                                 Creo que ha llegado el momento histórico de parar, pensar y decidir qué queremos hacer de nuestra vida como ser humano. Parece una sentencia de un muy gran pensador, filósofo, gobernante o Dios de la Mitología; y ya lo han dicho muchos y muchas por diversas razones ecológicas y cambio climático. De acuerdo, pero no me refiero a eso. Lo tenemos delante de nuestras narices cada día y seguimos la vida diaria como si no pasara nada. El dinero, desde hace muchos años ha sido el motor del progreso y de las guerras. Siempre lo mismo. Pero ya hemos llegado al punto final, al cenit. Al punto sin retorno. O el dinero o la vida: la salud personal. Es tan simple como un cero. La humanidad avanza lentamente, pero ha llegado el momento de volver al trueque: dinero por salud. Estamos tocando el fondo. Ya hemos llegado a la cruel realidad: hay que mirar de frente a los ojos de la muerte. Estamos tocando el fondo, como dice el poeta vasco Gabriel Zelaia: cuando se miran de frente los vertiginosos ojos de la muerte, se dicen las verdades, las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.
Daniel Ezpeleta, en zarrakaztelu.eus