
Javier Aizpún (el segundo por la izquierda en la foto) es el encargado máximo de requisar el patrimonio popular del que se va apoderando el Arzobispado. Y lo hace con tal celo que no duda en represaliar a quienes desde dentro de la Iglesia desaprueban esa rapiña de bienes del pueblo. Víctima de esa venganza ha sido Pedro Leoz Cabodevilla, presidente de la Asociación de Defensa del Patrimonio Navarro.
Pedro Leoz, tras cinco años en Caparroso, sirvió durante otros 37 como misionero diocesano en América Latina. Su exigencia evangélica le llevó a trabajar sin ánimo de lucrarse económicamente en lo más mínimo, postura que ni mucho menos adoptaban todos los curas que iban a aquel continente. Habiendo cotizado muy poco en el Estado español, cobraba una pensión de 561 euros al mes, que el Arzobispado complementaba con 245 euros. Este complemento se lo ha retirado Aizpún desde enero, sin ninguna explicación. Todo el mundo sabe por qué. ¿De qué evangelio puede hablar quien actúa con semejante mezquindad?