
El objetivo último no es, por tanto, cambiar lo que ni siquiera está en la mano de sus socios sino retratarles y, de paso, presentarse como la fuerza imprescindible sobre la que debe pivotar cualquier acuerdo, ya sea al sur de Despeñaperros o en el conjunto de España. Da igual que la pretensión sea inviable además de repugnante, porque de lo que se trata es de demostrar que la sartén sólo tiene un mango que está en su mano, al igual que ciertas partes pudendas de sus futuros coaligados en grave riesgo de estrangulamiento. (klik egin-ver más)
Juan Carlos Escudier, en Público