
Josefina Campos, en su investigación sobre los fusilados peralteses, reunió los testimonios necesarios para esclarecer hasta donde se pudo este asesinato. Tristemente significativo resulta constatar que aquel crimen contó con complicidades muchos años después, puesto que unos documentos a los que Jimeno Jurío tuvo acceso entre 1975 y 1978 desaparecieron por misterio posteriormente.