
“No somos una familia, pero tampoco meros residentes y nada de lo que ocurre en nuestro entorno de barrio nos es ajeno”, afirman en los carteles y hojas repartidas por la zona. Por ello animan a sacudirse la modorra y acudir a cantar las mañanitas, a la sopa de ajo, a participar en la comida, cena, o simplemente darse una vuelta para palpar el pulso del barrio y compartir un rato con su comunidad más cercana.
La Voz de la Merindad