Todo por el pueblo pero sin el pueblo. La independencia política queda convertida en quimera lunar cuando desde una posición más allá del bien y del mal se quiere satisfacer los intereses de todos y todas. El populismo entra en juego en el bucle político municipal dejando atrás intereses de clases, problemas laborales y financiaciones más que dudosas de suntuosas propuestas constructoras. Y es así. Vivimos en la postmodernidad, en el renacimiento de un nuevo neoliberalismo que lo único que quiere satisfacer son los localismos. Porque el que se mira al ombligo y entra en el juego de la egolatría del yo por encima del nosotros no da problemas a los que generan la discriminación social y económica. Porque el que se alza baluarte de su pueblo, pongamos por caso Tafalla, mira hacia el otro lado cuando se cometen injusticias laborales contra los trabajadores de su pueblo: pongamos por caso la empresa de Lauroba u otras particularidades que en este devenir del postcapitalismo hasta los trabajadores son propietarios de los medios de producción entrando en conflicto contra los que no lo son.
(klik egin-ver más) Gregorio Ojer Bueno (en Diario de Noticias)










Ayer, 19 de julio, se cumplieron 30 años de la triunfal entrada de los sandinistas en Managua para poner fin a la tiranía de los gobiernos de la saga de los Somoza. Aquella revolución, una de nuestras últimas utopías, arrastró toda una oleada de solidaridad en la izquierda mundial. Solamente desde Navarra serían probablemente centenares los que en uno u otro momento se sumaron como cooperantes para recomponer las infraestructuras y la economía de un país azotado por la agresión armada financiada por Reagan. El sueño se acabó con la derrota electoral de 1990. Tras repetidas luchas intestinas y escisiones del sandinismo que alejaron del FSLN a dirigentes y militantes tan destacados como Ernesto Cardenal, Carlos Mejía Godoy o incluso Humberto Ortega, Daniel Ortega, denunciado por sus antiguos compañeros incluso de delitos económicos y sexuales, consiguió recuperar la presidencia del país, tras las elecciones de noviembre de 2006. Para muchos, con Daniel Ortega el sandinismo se ha diluido en caudillismo. Esta es la opinión, por ejemplo, de Mónica Baltodano, ex-comandante sandinista, que dirigió la insurrección en Managua y diputada actualmente por el Movimiento de Rescate del Sandinismo Carlos Fonseca. En este artículo, largo pero de extraordiario interés, hace un balance de la evolución del sandinismo hasta la actual coyuntura.
La publicidad manda consumir y la economía lo prohíbe. Las órdenes de consumo, obligatorias para todos pero imposibles para la mayoría, se traducen en invitaciones al delito. Las páginas policiales de los diarios enseñan más sobre contradicciones de nuestro tiempo que las páginas de información política y económica.





