La eliminación por el Departamento de Educación del Gobierno vasco del término Euskal Herria del currículum vasco, ya adelantada en su día por la consejera Isabel Celaá al presentar la proposición no de ley que impulsa la sustitución del elaborado por el Ejecutivo anterior, es la constatación práctica de la falta de sensibilidad gubernamental a la historia y la cultura de los Territorios Históricos que administra y apunta a un interés por obviar los lazos de hermandad entre los ámbitos administrativos que oficial y legalmente se denominan hoy Comunidad Autónoma Vasca y Comunidad Foral de Navarra y los de éstos con los territorios de Iparralde que, aun careciendo de entidad jurídica propia dentro del Estado francés, han venido siendo reconocidos siempre por los propios franceses con el nada ambiguo término de Pays Basque.
Este desapego a una realidad social, cultural e histórica reflejada desde aquella primera alusión textual del alavés Juan Pérez de Lazarraga en el siglo XVI y los textos de Wilhem Von Humboldt en el XVIII a la actual Wikipedia pasando por el mapa lingüístico del príncipe Louis Lucien Bonaparte en la primera mitad del siglo XIX y la propia Enciclopedia Británica, supone además la forzada omisión de un término que viene explicitado legalmente en el artículo I del Título Preliminar del Estatuto de Autonomía de Gernika -"El Pueblo Vasco o Euskal Herria, como expresión de su nacionalidad y para acceder a su autogobierno..."- y que se explica en el artículo 2: "Araba, Gipuzkoa y Bizkaia, así como Navarra tienen derecho a formar parte de la Comunidad Autónoma del País Vasco...". (klik egin-ver más) DEIA





















Ayer, 19 de julio, se cumplieron 30 años de la triunfal entrada de los sandinistas en Managua para poner fin a la tiranía de los gobiernos de la saga de los Somoza. Aquella revolución, una de nuestras últimas utopías, arrastró toda una oleada de solidaridad en la izquierda mundial. Solamente desde Navarra serían probablemente centenares los que en uno u otro momento se sumaron como cooperantes para recomponer las infraestructuras y la economía de un país azotado por la agresión armada financiada por Reagan. El sueño se acabó con la derrota electoral de 1990. Tras repetidas luchas intestinas y escisiones del sandinismo que alejaron del FSLN a dirigentes y militantes tan destacados como Ernesto Cardenal, Carlos Mejía Godoy o incluso Humberto Ortega, Daniel Ortega, denunciado por sus antiguos compañeros incluso de delitos económicos y sexuales, consiguió recuperar la presidencia del país, tras las elecciones de noviembre de 2006. Para muchos, con Daniel Ortega el sandinismo se ha diluido en caudillismo. Esta es la opinión, por ejemplo, de Mónica Baltodano, ex-comandante sandinista, que dirigió la insurrección en Managua y diputada actualmente por el Movimiento de Rescate del Sandinismo Carlos Fonseca. En este artículo, largo pero de extraordiario interés, hace un balance de la evolución del sandinismo hasta la actual coyuntura.
La publicidad manda consumir y la economía lo prohíbe. Las órdenes de consumo, obligatorias para todos pero imposibles para la mayoría, se traducen en invitaciones al delito. Las páginas policiales de los diarios enseñan más sobre contradicciones de nuestro tiempo que las páginas de información política y económica.
























