Tenemos que volver a referirnos a los graves efectos del contacto con el amianto. En abril dimos cuenta de la muerte anunciada de Ezequiel Illarramendi. Incluso en Luzuriaga se llegó a demostrar que había dado lugar a un cáncer de pulmón, según sentencia judicial. En esta ocasión, las noticias son relativamente mejores. Ángela Rodríguez, ama de casa de 65 años, que trabajó entre 1964 y 1968 en la empresa Oxivol Internacional Acumuladores, de Beasain, ha conseguido la incapacidad completa y una pensión de 1.667 euros por un cáncer de pleura. Según Jesús Uzkudun, responsable de Salud Laboral de CC.OO. de Euskadi, que ha gestionado la demanda, es una pequeña victoria parcial de las víctimas del amianto, y un ejemplo de la "gravedad que supone la amplia exposición laboral al amianto que tuvo lugar en décadas atrás en gran parte de la industria vasca".
Efectivamente, es una victoria pequeña, porque Ángela, que lleva viva cuatro años después que los médicos le diesen cuatro meses de vida, tiene en qué gastar esa pensión. Ese dinero le servirá para pagar las medicinas, la homeopatía y la comida macrobiótica, porque la quimioterapia es paliativa, no curativa, y ella no quiere resignarse porque la medicina tradicional no puede curar su enfermedad. Es un acto de justicia parcial con esta mujer, a la que como a otros tantos trabajadores, las condiciones laborales le condenaron a una terrible enfermedad y a un brutal recorte de su esperanza de vida.






































Ayer, 19 de julio, se cumplieron 30 años de la triunfal entrada de los sandinistas en Managua para poner fin a la tiranía de los gobiernos de la saga de los Somoza. Aquella revolución, una de nuestras últimas utopías, arrastró toda una oleada de solidaridad en la izquierda mundial. Solamente desde Navarra serían probablemente centenares los que en uno u otro momento se sumaron como cooperantes para recomponer las infraestructuras y la economía de un país azotado por la agresión armada financiada por Reagan. El sueño se acabó con la derrota electoral de 1990. Tras repetidas luchas intestinas y escisiones del sandinismo que alejaron del FSLN a dirigentes y militantes tan destacados como Ernesto Cardenal, Carlos Mejía Godoy o incluso Humberto Ortega, Daniel Ortega, denunciado por sus antiguos compañeros incluso de delitos económicos y sexuales, consiguió recuperar la presidencia del país, tras las elecciones de noviembre de 2006. Para muchos, con Daniel Ortega el sandinismo se ha diluido en caudillismo. Esta es la opinión, por ejemplo, de Mónica Baltodano, ex-comandante sandinista, que dirigió la insurrección en Managua y diputada actualmente por el Movimiento de Rescate del Sandinismo Carlos Fonseca. En este artículo, largo pero de extraordiario interés, hace un balance de la evolución del sandinismo hasta la actual coyuntura.
La publicidad manda consumir y la economía lo prohíbe. Las órdenes de consumo, obligatorias para todos pero imposibles para la mayoría, se traducen en invitaciones al delito. Las páginas policiales de los diarios enseñan más sobre contradicciones de nuestro tiempo que las páginas de información política y económica.







