
Hasta ahí esta historia, por ahora. Posiblemente no lleguemos a saber con certeza si fue a la empresa valenciana a la que se le había antojado ese emplazamiento, o si fue el grupo municipal de UPN el que se lo propuso. Una situación de opacidad, semejante a la del protocolo firmado el año pasado entre Barcina y Juan Roig para abrir el mercado de la Comunidad Foral a la gran cadena. Todavía no sabemos cuál fue el alcalde del compromiso. Ni los motivos, aunque éstos los podemos adivinar.
Ganada la batalla de conservar un recinto deportivo que data de 1928, queda ahora por ver si acaban por plantarnos y dónde otra gran superficie cuya necesidad social es más que discutible.
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