Tras el golpe de Estado de 1936 y desatada la guerra civil, las familias navarras fueron coaccionadas con violencia para que no transmitiesen el euskera a sus descendientes, lo que a este antiquísimo idioma le supuso un gran retroceso artificial e impuesto. Esta situación de opresión para el idioma vernáculo navarro se prolongó sin solución de continuidad hasta la llegada del Gobierno de Uxue Barkos, con la salvedad de la Ley del Vascuence de 1986, un mínimo democrático, insuficiente para gran parte de la ciudadanía en tanto que se sometía a la Comunidad Foral a una zonificación que numerosos colectivos euskaltzales ni la comparten, ni la comprenden. José Luis Mendoza ha procurado como consejero de Educación que el euskera recupere ese terreno perdido durante el franquismo y los gobiernos de UPN, es decir, una profundización en los derechos lingüísticos. Aunque pudo parecer que su marcha significaba una rectificación de la política lingüística gubernamental, María Solana continúa en lo fundamental sus líneas maestras, en cuanto a propiciar una normalización del euskera en Navarra. (klik egin-ver más)
Alberto Ibarrola Oyón, en Diario de Noticias














































