
Todo este alegato contra la pluralidad lingüística, esa aversión por el euskera, con la calculada salvedad de la pretendida tolerancia hacia el dialecto navarro entendido como rescoldo del medio rural, tiene una fuente: la cultura franquista. Porque el nacionalismo español no ha hecho aún la transición desde la uniformidad forzada de la dictadura, está instalado en la misma conciencia antidemocrática que niega la diversidad y la especifidad lingüístico-cultural. Y los códigos de interpretación de la realidad de millones de españoles lamentablemente coinciden en lo esencial con lo que reivindica este individuo. ¡Qué pesadez!
Praxku
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