
Juan Pablo I había tenido días antes una conversación de dos horas con el cardenal Villot, secretario de Estado, al que le había adelantado los cambios que se proponía hacer en la Curia, en particular la revisión de su estructura de la Curia y la clarificación de las finanzas vaticanas. ¿Por qué conocía el Papa recién nombrado el nombre de quien sería su sucesor? Porque el cardenal Wojtyla era el candidato de Villot y de la Curia, deseosa de volver a controlar el poder. No en vano los curiales decían: "Hemos perdido tres cónclaves (el de Juan XXIII, el de Pablo VI y el de Juan Pablo I), pero no el cuarto". Y en la involución introducida por Juan Pablo II continúa la Iglesia. "A Juan Pablo I, como a Cristo, le costó la vida querer echar a los mercaderes del templo", concluye López Sáez.
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