
Tras la visita, encontramos el coche cerrado, todo normal. De vuelta a Euskal Herria, en la primera gasolinera nos dimos cuenta que nos habían robado las tarjetas bancarias, 160 euros en metálico, los dos móviles y una cámara de fotos. Para cuando pudimos anular las tarjetas ya habían sacado 1.000 euros de una de ellas. Un robo impecable, de profesionales. Una moza de la gasolinera nos llenó el depósito de su dinero y pudimos llegar a Euskal Herria. Siempre hay ángeles de la guarda en todos los sitios.
Que roben tan limpiamente en un lugar ultravigilado a los únicos vascos que estábamos es más que sospechoso. Valga esta carta para advertir a todas las personas que visitamos a nuestros presos y presas que extremen sus precauciones. Hay mucho delincuente suelto en esos lugares.
Mari Jose Ruiz
No hay comentarios:
Publicar un comentario