jueves, 17 de septiembre de 2015

"NO PUEDO NI VER LAS BOINAS ROJAS"

Ricardo Mula Roca es uno de los familiares de los 34 fusilados de la Diputación, entre quienes hay camineros, interventores, inspectores, un chófer o recaudadores de arbitrios. En el caso del padre de Ricardo, Francisco Mula, era celador de caminos y “un republicano de pura cepa”. La suya no fue una historia al uso, no lo fusilaron inmediatamente. Ricardo subraya cómo ha recapitulado paso a paso la historia de su padre. Primero intentó huir hacia Irún pero fue apresado, y, desde entonces, entró y salió en varias ocasiones de la cárcel de Pamplona porque el marido de su mujer, Francisco Roca, era comandante militar en Estella e intercedía por él para que lo liberasen.
Y así transcurrieron esos meses hasta enero de 1937, cuando dos requetés fueron a buscarlo a su casa de Mugaire (Navarra). Ricardo, el menor de tres hermanos, apenas tenía “4 o 5 años”, pero lo recuerda bien porque su madre lo mandó a recibirlos vestido de requeté. “Se despidió de mí, y su cara se me quedó grabada. Aún me acuerdo de aquellas boinas rojas de los requetés; no puedo ni verlas, me pongo malo”, explica.
Se lo llevaron y, a la altura del municipio de Lantz, lo fusilaron el 26 de enero de 1937. Su esposa, Concepción Roca, se trasladó entonces con sus hijos a Cataluña. La familia ha intentado ya en dos ocasiones localizar los restos de Francisco sin éxito, pero Ricardo peleó para poder colocar en el pueblo, cerca de la entrada junto a la carretera, un monolito en su recuerdo. En este caso, el reconocimiento sí salió adelante, en un lugar donde ahora su hijo puede colocar unas flores con la bandera republicana. Y Ricardo Mula Roca insiste en que, durante años, la posibilidad de que la Diputación homenajeara a su padre era “un sueño que parecía que no íbamos a lograr”. “No me quería morir sin verlo”, confiesa.
Garikoitz Montañés, en eldiario.es

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