viernes, 17 de junio de 2016

INSTRUCCIONES PARA SER REQUETÉ Y MATÓN

Ignoramos por completo si Jaime del Burgo mató a alguien dirigiendo un pelotón de fusilamiento en la vanguardia o en la retaguardia. Y es una pena que no lo sepamos, porque sería un dato más a añadir a su fabulosa biografía de aspirante a matón requeté. Pues, como cuenta Tito Livio, los vencedores presumían de los tracios que habían matado en una guerra. Era un timbre de gloria. Y, por lo que nos han contado abuelos de noventa años cuando su memoria era un prodigio de recobrar contextos y nombres de asesinos durante 1936, estos matones presumían de su colección de cadáveres como lo hacían aquellos antiguos soldados de los ejércitos de Craso, de César y de Marco Antonio. No creemos, por tanto, que en la biografía de Jaime del Burgo molestara lo más mínimo que figurasen en su haber una serie de nombres que se llevó al otro barrio en nombre de la Santa Cruzada. Supondría un laurel más en su testa.
Si Jaime del Burgo no se convirtió en un matón, lo sentiríamos mucho por él. Constituiría una grave laguna en su extenso currículum. Una contrariedad. Pues, leyendo su libro Requetés en Navarra antes del Alzamiento (Editorial Española, San Sebastián, 1939), parece que ésa fuese su máxima aspiración. (klik egin-ver más)

Víctor Moreno, Fernando Mikelarena, Pablo Ibáñez, José Ramón Urtasun, Carlos Martínez y Txema Aranaz (Ateneo Basilio Lacort)

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