lunes, 21 de diciembre de 2015

LUCES Y SOMBRAS DEL 20-D 2015

La digestión del torrente de datos que nos suministra la noche electoral desemboca en primer término en la perspectiva de una situación muy difícilmente gobernable en el Estado. Y en un reequilibrio, tanto entre los espacios teóricos de la derecha y de la izquierda, como entre los del modelo de estado, de forma que las manifiestas intenciones recentralizadoras de muchos van a tener más dificultad de la prevista para materializarse. Considerando la oferta existente, es buena noticia el éxito de Podemos, que además de confirmar su pujanza en los grandes núcleos urbanos, coloca picas en Flandes en territorios hasta ahora privados del bipartidismo, como Baleares, la Rioja, Cantabria, Extremadura o Castilla-León, y confirma las expectativas creadas mediante experiencias unitarias transversales junto a coaliciones que buscan la profundización del autogobierno en el ámbito de sus comunidades, como en el País Valenciano o Galicia. Los resultados de la CAV denotan también que el electorado ha premiado a la moderación y al posibilismo en el contexto de bipolarización provocado en Catalunya.

En Navarra, más allá de la espectacular irrupción de Podemos hasta el punto de hacerse con dos escaños, hay que hacer constar que la correlación entre los tres grandes bloques políticos existentes (derecha, PSOE y las fuerzas que están inequívocamente por el cambio) no sufre alteraciones esenciales, aunque sí, por supuesto, en la composición interna del tercero de los bloques.

Si la comparación la establecemos con las generales de hace cuatro años, la derecha en su conjunto, incluyendo ahora a Ciudadanos, retrocede ligeramente en votos con una participación cinco puntos mayor, con lo que la pérdida porcentual es sensible. De manera similar a lo que pierde en la Rioja o en Aragón, por acudir a ejemplos cercanos. El PSOE desciende, quizás algo menos de lo previsto, y la suma de las fuerzas del cambio arroja un incremento de unos 50.000 votos. Las razones del desplazamiento de buena parte del voto vasquista y abertzale hacia Podemos, al margen de la naturaleza de los comicios y el imperio de las cadenas estatales de televisión, las situaría yo en el clamor contra la desigualdad social y en la priorización de la defensa del estado de bienestar que sectores populares con un futuro oscuro han podido fijar para esta convocatoria por encima del factor navarro. Para ver si se mueve algo allá donde se toman las decisiones legislativas más trascendentales en el terreno socio-económico.

Pero en cuatro años han pasado aquí muchas cosas, por lo que resulta inevitable la referencia a las recientes elecciones forales de mayo para cotejarlas con estas. A pesar de la manifiesta removilización de la derecha tras unos meses de cierto aturdimiento tras la pérdida del poder, los cambios globales entre los tres bloques son muy escasos. Aunque la suma UPN-PP pierde 5.000 votos, la subida de Ciudadanos lo compensa, con lo que en su conjunto sube punto y medio porcentualmente. El PSN-PSOE, en el tipo de convocatoria que siempre le resulta más favorable, avanza un punto respecto a mayo, mientras  que el bloque del cambio retrocede poco más de punto y medio, del 47'44% al 45'70%. Aunque indudablemente se harán desde diversos ángulos ideológicos lecturas sobre el traspiés del nacionalismo, no aparecen motivos justificados para cuestionar la legitimidad del gobierno surgido de las elecciones de mayo.

Pero los resultados de esta noche no se pueden dar por comentados si no incluímos los del Senado. Porque se trataba de un desafío lanzado desde la órbita política del cuatripartito, con lo que la derrota se ha convertido en la mayor frustración de la noche. Una apuesta precipitada por no haber valorado antes los obstáculos que habría en el camino: el desprestigio de la propia institución del Senado; las trabas legales para la distribución de papeletas de una marca nueva creada apresuradamente; la dificultad para los partidos de gestionar dos elecciones a la vez; y el muy distinto grado de motivación de los socios. Así hemos asistido a una desangelada campaña de última hora, con frías presentaciones como para cumplir el trámite, dando el éxito poco menos que por descontado, sin apenas publicidad, y la mayor parte de la ciudadanía no ha llegado a enterarse ni siquiera del nombre de la candidatura. Quien esto suscribe ya puso públicamente de manifiesto su temor en la presentación de Aldaketa que tuvo lugar el miércoles 18 en Tafalla. Los resultados cantan. Frente a UPN, que prácticamente ha clavado sus resultados del Congreso, las cuatro fuerzas, que suman 160.000 votos al Congreso, no han alcanzado para ninguno de los tres aspirantes, los 100.000. De esos más de 60.000 votos que faltan, sólo la décima parte ha podido ir al PSOE. El resto se ha perdido por apatía y desinformación. Un vistazo a los resultados por localidades es suficiente para comprobar que allí donde la composición de la suma a las cuatro fuerzas es muy favorable para Podemos, el porcentaje de aprovechamiento para el Senado es más bajo. En Tudela, Corella, Castejón, Noain, no se llega al 50% de la suma, mientras que aumenta más en la medida en que el voto abertzale es mayor, hasta situarse en porcentajes próximos al 80% en localidades como Goizueta, Leitza o Etxarri Aranatz. Pero sería una simplificación atribuirlo únicamente a la escasa implicación de la dirección de Podemos Navarra, aunque algo de eso pueda haber habido. Porque en Castejón, por ejemplo, ni siquiera se alcanza la suma de las otras tres fuerzas. Las deficiencias organizativas han tenido un peso decisivo, pero hay que buscar las razones políticas, que sin duda también concurren en este fracaso, que se va a tratar de utilizar para sembrar dudas sobre la solidez del acuerdo progresista de cambio y para propinar un golpe psicológico al gobierno de Uxue Barkos.

Buena será la experiencia si sirve para reflexionar y para establecer bases sólidas de funcionamiento en la relación entre los socios de gobierno, no sólo en lo pogramático, donde el nivel de coincidencia a día de hoy parece más que aceptable, sino también en la comunicación y en la articulación del seguimiento del pacto, que responde a la voluntad de la mayoría social, ajustada pero mayoría, de la ciudadanía navarra. Y cada grupo se tendrá que preguntar si su organización y funcionamiento internos responden a las pautas de horizontalidad que hacen más efectiva y más profunda la acción política.

Praxku





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