sábado, 3 de octubre de 2015

UNA MADRE SIN SU HIJO QUERIDO

Hace unos días se fue Juxti, señora que fue muy bella en su juventud y elegante siempre. y que, alejada ya de la mundanal realidad, se despidió en silencio aunque guardo su última sonrisa a pesar, creo, de que no me reconoció. Es igual, guardo la misma estima que le tenía. A su adiós no pudo venir su hijo más querido, no le dejaron, está lejos, a más de 1.100 kilómetros y renunció, pues le planteaban un viaje de cuatro días. A paso de que no llegara, supongo. Paga cárcel a esa distancia por lo que cometió que no apoyo ni defiendo, pero que en un momento decidió de acuerdo con su compromiso malo o bueno. Lleva muchos años pagando por su acción, y también su familia, su madre a la que no pudo despedir. Son 1.100 kilómetros, en la otra punta para que Juxti no pudiera verlo, y de poder aún lo llevarían mucho más lejos y este, a salvo de lo que piense cada uno, no puede aceptar ese castigo añadido y extensivo a la familia. A estas alturas, estamos más que convencidos de que no se quiere la paz, se quiere la victoria. Y ya de paso, la venganza.
Lander Santamaría, en Diario de Noticias

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