lunes, 21 de mayo de 2018

FORZA ESPAÑA

Ciudadanos había creado la expectativa de que este domingo iba a ocurrir algo políticamente grande en Madrid. Algo así como la puesta de largo de En Marcha, la versión española del movimiento que condujo a Emmanuel Macron a la presidencia de la República francesa. Una nueva plataforma cívico-política capaz de ganar con autoridad las próximas elecciones generales. El marco suprapartidista que podría desarbolar definitivamente al Partido Popular. El banderín de enganche que están esperando muchos altos funcionarios para subir al caballo vencedor sin que parezca un obsceno cambio de camisa. La poderosa máquina electoral que podría resolver los múltiples empates del actual marasmo, así en Madrid, como en Barcelona. El aliado español que está esperando Macron para ejercer más presión sobre la Europa hanseática que se niega a mutualizar las angustias de los países endeudados. La gran maniobra desde arriba para canalizar, sin riesgos estructurales, las ganas de cambio de los de abajo. El Podemos de derechas –usted ya me entiende– que un día imaginó el banquero Josep Oliu. ¡En Marche! ¡En Marcha!   (klik egin-ver más)
Enric Juliana, en La Vanguardia

1 comentario:

  1. Esto nos muestra y demuestra que el mal no es el nacionalismo, los nacionalismos, sino el fascismo. Los nacionalismos no son síntomas exóticos de gentes fuera de lugar, sino lo más normal y cotidiano que podamos encontrar ahí por dónde vamos pues todos los lugares habitados por personas están impregnados de un folklore, unas costumbres, un ritual…. que de forma general lo resumimos llamándolo etnias, razas, pueblos, países, naciones… es decir, nacionalismo.

    Se equivocaban quienes indebidamente abusan del axioma “el nacionalismo se cura viajando”, pues además de que suele ser un nacionalista quien pretende abofetear con él, lo usa contra el nacionalismo que no comparte y pretende desacreditar. Y ahí está el mal de los nacionalismos: cuando un nacionalismo se quiere imponer sobre otro u otros y no porque todo esté plagado de nacionalismos; o cuando un nacionalismo pretende que se le respete ante otro nacionalismo que injustamente no lo hace.

    El nacionalismo mal llamado español, primero, porque no es nacionalismo sino fascismo; segundo, porque incluso desprecia a los españoles que no son de una determinada forma muy concreta: a los republicanos, a los no religiosos, a los que no defienden la indivisibilidad, a los que no les importa que vascos y catalanes puedan ser naciones independientes….. Es un buen ejemplo de ese mal nacionalismo, porque ni sabe vivir con el resto de nacionalismos ni quiere que haya otro nacionalismo que no sea el suyo. Este nacionalismo es el peligroso y el que debemos combatir pues es fascismo a secas. Y por eso mismo es malo ese nacionalismo supremacista: por fascista que no por nacionalista… El nacionalismo mal llamado español, es el nazional catolicismo que estableció el Glorioso Movimiento Nacional allá por 1936 mediante una gran matanza todavía impune. Y desde entonces hemos estado sometidos a él en todos y cada uno de los momentos importantes de nuestra vida: como la religión, nos lo han hecho mamar desde la cuna….. Es fascismo puro y duro porque aunque no existieran eso que de forma peyorativa llaman “nacionalismos periféricos” sobrevolaría de igual forma contra el resto de españoles que no se ajustaran estrictamente a lo que exige ser el nazional catolicismo: hemos visto como se persigue y se demoniza el republicanismo y sus símbolos de la misma forma que si fuera la tricolor una ikurriña y la República la mismísima Euskalherria soberana e independiente pretendida por los vascos….

    Cuando el mal llamado nacionalismo español es incapaz de respetar a los propios españoles e incapaz de hacer lo propio con el resto de nacionalismos existentes dentro del Estado español, es cuando el nacionalismo deja de serlo para pasar a ser fascismo. Y no lo olvidemos, hoy los del Glorioso Movimiento Nacional, los que fueron el terrorismo nazional católico, se hacen llamar “constitucionalistas”.

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