Astebete iragan da Lizarrako alkate eta UPNko kide Begoña Ganuzak hitzez hitz adierazi zuenetik euskara bere ideologiaren eta bere boto emaileenaren kontrakoa dela. Astebete iragan da Lizarrako alkate eta UPNko kide Begoña Ganuzak bere eta bere boto emailearen eta euskararen arteko bateraezintasuna aldarrikatu duenetik. Astebete iragan da, eta UPNn inork ez dio kargu hartu Begoña Ganuzari, ezta zuzenketarik tikiena ere egin. Bertze Begoña batek, Sanzberro izenekoak, izan zezakeen zer errana, euskalduna izanik UPNko Gobernuko kontseilaria baita. Zer errana ere bai Euskarabideko zuzendari Xabier Azantzak.
Haiek ere isilik, ordea. UPNk, nonbait, bere egiten ditu Begoña Ganuzaren hitzak, edo, bertzela erranda, Begoña Ganuzak UPNren baitan dagoen sentipena hitzez janztea baizik ez du egin. Ez dugu gezurrik erranen: euskaltzaleen artean ez gara sobera harritu. Alabaina, inoiz ez da hain garbi eta hain bortitz adierazi UPNren errotikako antieuskalduntasuna. Hitz eztiak entzutera ohituak ginen atzetik ostikoa ematen ziguten bitartean. Zer pentsatua ematen du lotsagabekeria berri honek. Aingeru Epaltza Euskalerria Irratian












Es evidente que en NaBai existen diferencias sobre el sistema de funcionamiento interno -incluida la relación con los independientes- y el reparto del poder, o sobre aspectos puntuales como el apoyo a las Fuerzas de Seguridad del Estado en las condenas a ETA -el firme rechazo de todas las violencias forma parte de sus principios fundacionales-. Discrepancias previsibles en un proyecto político cuyo nexo es la apuesta constructiva y en positivo por dotar a Navarra de un modelo institucional alternativo al régimen de intereses clientelares que conforman la derecha y sectores del PSN sobre la exclusión de decenas de miles de navarros y navarras. En esa unión política desde las premisas de las políticas progresistas, la defensa de los derechos humanos y la ética en la acción pública residían los pilares fundamentales de NaBai, si bien crece la sensación de que ese pluralismo está siendo pésimamente gestionado. No porque los debates y las divergencias democráticas salgan a la luz pública, sino porque lo que protagoniza la disputa tiene mucho que ver con cuestiones tácticas de interés partidista o personal y muy poco con las demandas y necesidades de quienes votaron por un nuevo proyecto político ilusionante y regenerador de un régimen político conservador y viejo. Una dinámica que reduce las posibilidades sociales y electorales del proyecto, no sólo porque falta el respeto a los casi 80.000 votantes que la auparon como segunda fuerza política de Navarra, sino porque sitúa en primer plano de la pugna interna cuestiones tan ridículas y de nulo interés ciudadano como las disputas ante la Oficina de Patentes por la propiedad de unas siglas que democráticamente serían de los miles de electores que las avalan. Y ello cuando la sociedad sufre la crisis económica, hay una nueva ofensiva contra la normalización del euskera o un proceso involucionista y uniformador del Estado plurinacional. Quienes conforman NaBai, y más los dirigentes de las organizaciones partidistas -algunos, al parecer, más pendientes de la pinza que conforman los cantos de sirena de la izquierda abertzale oficial o del PSOE que de sus compromisos con la sociedad navarra-, deben hacer autocrítica y encauzar sus relaciones con lealtad y sentido común si quieren mantener las cotas de credibilidad social que según muestran las encuestas aún tiene NaBai. Aunque seguramente no tanto sus partidos y menos aún algunos de sus principales portavoces.


