Apenas hace un mes dábamos cuenta de los nombramientos registrados en la Curia navarra, que indicaban un inequívoco reforzamiento de las posiciones más conservadoras. No nos pilla de sorpresa que los efectos se estén notando sin demora. Menos era de esperar que pudieran alcanzar límites tan escandalosos como el del comportamiento del ecónomo Javier Aizpún, responsable del patrimonio de la Diócesis. Por algo el blog ultraderechista El Periodista Digital expresaba su júbilo cuando conoció el nuevo destino del párroco de Berriozar, miembro de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, estrechamente vinculada al Opus Dei.
Javier Aizpún (el segundo por la izquierda en la foto) es el encargado máximo de requisar el patrimonio popular del que se va apoderando el Arzobispado. Y lo hace con tal celo que no duda en represaliar a quienes desde dentro de la Iglesia desaprueban esa rapiña de bienes del pueblo. Víctima de esa venganza ha sido Pedro Leoz Cabodevilla, presidente de la Asociación de Defensa del Patrimonio Navarro.
Pedro Leoz, tras cinco años en Caparroso, sirvió durante otros 37 como misionero diocesano en América Latina. Su exigencia evangélica le llevó a trabajar sin ánimo de lucrarse económicamente en lo más mínimo, postura que ni mucho menos adoptaban todos los curas que iban a aquel continente. Habiendo cotizado muy poco en el Estado español, cobraba una pensión de 561 euros al mes, que el Arzobispado complementaba con 245 euros. Este complemento se lo ha retirado Aizpún desde enero, sin ninguna explicación. Todo el mundo sabe por qué. ¿De qué evangelio puede hablar quien actúa con semejante mezquindad?













Ayer, 19 de julio, se cumplieron 30 años de la triunfal entrada de los sandinistas en Managua para poner fin a la tiranía de los gobiernos de la saga de los Somoza. Aquella revolución, una de nuestras últimas utopías, arrastró toda una oleada de solidaridad en la izquierda mundial. Solamente desde Navarra serían probablemente centenares los que en uno u otro momento se sumaron como cooperantes para recomponer las infraestructuras y la economía de un país azotado por la agresión armada financiada por Reagan. El sueño se acabó con la derrota electoral de 1990. Tras repetidas luchas intestinas y escisiones del sandinismo que alejaron del FSLN a dirigentes y militantes tan destacados como Ernesto Cardenal, Carlos Mejía Godoy o incluso Humberto Ortega, Daniel Ortega, denunciado por sus antiguos compañeros incluso de delitos económicos y sexuales, consiguió recuperar la presidencia del país, tras las elecciones de noviembre de 2006. Para muchos, con Daniel Ortega el sandinismo se ha diluido en caudillismo. Esta es la opinión, por ejemplo, de Mónica Baltodano, ex-comandante sandinista, que dirigió la insurrección en Managua y diputada actualmente por el Movimiento de Rescate del Sandinismo Carlos Fonseca. En este artículo, largo pero de extraordiario interés, hace un balance de la evolución del sandinismo hasta la actual coyuntura.
La publicidad manda consumir y la economía lo prohíbe. Las órdenes de consumo, obligatorias para todos pero imposibles para la mayoría, se traducen en invitaciones al delito. Las páginas policiales de los diarios enseñan más sobre contradicciones de nuestro tiempo que las páginas de información política y económica.


