Las últimas elecciones forales y municipales supusieron la mejor oportunidad de propiciar un Cambio progresista para una Navarra plural. La sociedad navarra así lo expresó en las urnas. Y los votantes de NaBai, de IU y la inmensa mayoría de los del PSOE vieron cómo se frustraban las ilusiones gracias a pactos oscuros en Madrid.El nacimiento de NaBai ofrecía esta oportunidad perdida, pero ha obligado a recomponer pactos, a poner cuernos en el matrimonio de la gran derecha y a disponer un emparejamiento antinatural entre UPN y PSOE. Conocimos y nos reímos con los “quesitos de Sanz”, pero nada de esto se decidió en Navarra. Los grandes factotum fueron dos hombres que no se presentaban a las elecciones: José Blanco, el mandarín de Ferraz, y un hotelero corellano que ha desplegado todo su ascendente sobre Miguel Sanz y ZP para impedir a toda costa que se pactase con NaBai: Antonio Catálán (AC Hoteles).
Un personaje peculiar amamantado en las ubres del franquismo, casado cuatro veces, que es “muy navarro”, pero que si los navarros deciden ser vascos “él se hará de Pozuelo de Alarcón”.
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Ayer, 19 de julio, se cumplieron 30 años de la triunfal entrada de los sandinistas en Managua para poner fin a la tiranía de los gobiernos de la saga de los Somoza. Aquella revolución, una de nuestras últimas utopías, arrastró toda una oleada de solidaridad en la izquierda mundial. Solamente desde Navarra serían probablemente centenares los que en uno u otro momento se sumaron como cooperantes para recomponer las infraestructuras y la economía de un país azotado por la agresión armada financiada por Reagan. El sueño se acabó con la derrota electoral de 1990. Tras repetidas luchas intestinas y escisiones del sandinismo que alejaron del FSLN a dirigentes y militantes tan destacados como Ernesto Cardenal, Carlos Mejía Godoy o incluso Humberto Ortega, Daniel Ortega, denunciado por sus antiguos compañeros incluso de delitos económicos y sexuales, consiguió recuperar la presidencia del país, tras las elecciones de noviembre de 2006. Para muchos, con Daniel Ortega el sandinismo se ha diluido en caudillismo. Esta es la opinión, por ejemplo, de Mónica Baltodano, ex-comandante sandinista, que dirigió la insurrección en Managua y diputada actualmente por el Movimiento de Rescate del Sandinismo Carlos Fonseca. En este artículo, largo pero de extraordiario interés, hace un balance de la evolución del sandinismo hasta la actual coyuntura.
La publicidad manda consumir y la economía lo prohíbe. Las órdenes de consumo, obligatorias para todos pero imposibles para la mayoría, se traducen en invitaciones al delito. Las páginas policiales de los diarios enseñan más sobre contradicciones de nuestro tiempo que las páginas de información política y económica.













































